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INFORME ESPECIAL

Entre malevos y malentretenidos, la evolución de la cárcel desde el siglo XIX

El mes pasado se inauguró en San Cayetano la unidad penal más moderna de la región, adonde ya fueron trasladados 160 internos. Se trata de una instancia trascendental, tal como lo fue la construcción de la que está en la costanera, que funcionó por más de 140 años. 

Penal 1. El edificio, inaugurado en 1900, marcó un cambio de paradigma para la provincia. Crédito: Sergio Galarza

De las mazmorras a los calabozos, luego a las penitenciarías y al sistema carcelario. Con la evolución en la formación del Estado, fue también cambiando la manera en que se abordó el sistema de administración de Justicia y el tratamiento y las disposiciones que se aplicaba a los reos y detenidos a lo largo del último siglo y medio.

Y así como la organización del Estado mostró bisagras históricas claves durante mediados de 1800 y hacia entrado el nuevo siglo, también lo hizo el sistema carcelario.

Del tema como objeto de estudio se ocupa, por estos días, el abogado e historiador -además de presidente de la Junta de Historia de la Provincia- Dardo Ramírez Braschi, quien ya tiene en su haber varios libros publicados sobre la administración de Justicia en la provincia durante ese mismo período histórico.

Desde hace algunos meses a esta parte, el docente de la Facultad de Derecho de la UNNE decidió profundizar también en este aspecto para un artículo que pronto será publicado en la revista especializada de la Universidad y que se centra en “la evolución de las cárceles en Corrientes”, tal como lo explicó el mismo Ramírez Braschi a República de Corrientes.

“Originariamente era muy primitivo, pero en este proceso de la penitenciaría y de las prisiones hay una idea normativa: de la ley y de la protección de los reos. Eso dice nuestra Constitución y se instaló en 1853. Pero el concepto es más antiguo que eso. Ya se establece en 1811, después de la Revolución de Mayo, con un decreto que se llama Decreto de Seguridad Individual. Aunque era muy difícil llevar adelante ese principio a una realidad práctica”, detalló el historiador.

Tras el estudio de documentos de archivo, en especial los discursos de distintos gobernadores correntinos durante los actos de apertura de los períodos legislativos desde 1850 en adelante, Ramírez Braschi asegura que el tema “fue de preocupación para quienes condujeron los destinos de la provincia, como Pujol, Madariaga y Cabral”, enumeró.

No obstante, lo cierto es que las cárceles “eran muy precarias, porque más que cárceles eran calabozos que estaban vinculados directamente con el juez de Paz y la comisaría del lugar para delitos contravencionales. Pero cuando se cometían delitos más graves como el abigeato o  un homicidio,  el acusado era trasladado bajo la jurisdicción del juez del crimen y lo trasladaban a la cárcel de la capital, que era más segura y compartida con otros reclusos y  estaba ubicada en el Cabildo”, relató.

Según los registros, este edificio tenía un espacio específico destinado a los calabozos, que primero fueron 7 y luego se lo amplió a 11 celdas. “Eso ya era un punto de evolución: se asignaba un lugar específico donde los reclusos permanecían, se les otorgaba ciertos alimentos para que ellos mismos se prepararan la comida. Tenían un lugar de recreación, una escuela dentro. No era una mazmorra. Dentro de la precariedad, se trataba de generar un espacio de rehabilitación”, señaló el profesor.

“Desde la época de Ferré, podemos ver en los registros oficiales que el Estado se preocupaba para reglamentar cómo y quiénes debían mantener el orden de la cárcel”, apuntó además.

No obstante, la necesidad de espacio y de organización era cada vez más grande. 

Ejército u obra pública

“Hay un informe muy interesante de Manuel Florencio Mantilla, de cuando fue ministro de Gobierno. Allí se describen las razones y la falta de capacidad para albergar que tenían las cárceles. Eso era un problema. De aquellas personas que cometían un delito y eran sentenciados, no todos iban a la cárcel porque no había un espacio. 

Los jueces eran conscientes de esta carencia y entonces los condenaban a cumplir sus penas de otra manera: por ejemplo, a trabajar en las obras públicas o a alistarse en las filas del ejército. Así, pasaban a formar parte de los batallones, siendo considerados reos dentro del ejército”, apuntó. El edificio actual de la casa de gobierno fue edificado con mano de obra de reclusos. 

La Unión. En la publicación de 1880 consta el aumento de los condenados a la obra pública. Crédito: Archivo historico de la provincia

Un proyecto que no prosperó

Desde 1870, la preocupación se trasladó a la Legislatura, donde apareció la idea de la construcción de una cárcel regional en Entre Ríos. “No sería del fuero federal, sino de las provincias del Litoral, con Corrientes y Santa Fe, para compartir un espacio adecuado para los reclusos”, explicó Ramírez Braschi. Sin embargo, las tensiones políticas a favor y en contra terminaron haciendo caer la iniciativa, por supuesto que no sin debate.

La comisión de la cárcel

No fue sino hasta 1881 cuando el gobierno creó una comisión especial, compuesta por miembros de los tres poderes del Estado, para elaborar el proyecto de la edificación carcelaria -la misma que hasta ahora albergó a los presos en el Penal N°1, en la bajada del puente-. 

El lugar, hasta que logró construirse, fue puesto en funcionamiento hacia 1904, pero surgió con la idea de la comisión unas 2 décadas antes. 

“Los delitos más comunes estaban vinculados con los delitos a la propiedad. Y en Corrientes, en el siglo 19, uno de los delitos más frecuentes y que más alarmaba al Estado y a la Justicia era el abigeato. Simplemente porque Corrientes era una provincia ganadera, lo fue originariamente, por la comercialización del cuero y de la carne. El avance de esos delitos llevó muchas veces a poner en peligro esa situación de la comercialización, un problema que fue grave y también común a toda la región”, recordó Ramírez Braschi.

Así, la cárcel -que ahora se deja atrás en un nuevo hito histórico- había llegado para “cambiar la cuestión paradigmática: había un edificio penitenciario solamente para reclusos. Y fue el primer cambio fundamental”, subrayó el docente.  “Antiguamente, solo había calabozos donde las personas estaban recluidas, las que tenían la posibilidad de estarlo.  Porque aquellas otras  que no eran enviadas a los calabozos iban a la leva, que más que condena era castigo. Allí iban a quienes denominaban como “el vago y malentretenido”, el ladrón de ganado o el gaucho sin papeleta oficial. 

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