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INCERTIDUMBRE Y PREOCUPACIÓN

Remiseros encaran 2022 con una fuerte alarma sobre el futuro del servicio

Consideran que 2021 fue el peor año de la actividad y ahora preocupa la escasez de móviles. Los altos costos de mantenimiento y de los 0 km hicieron que más de 1.200 trabajadores emigraran a otro rubro desde que se inició la pandemia. 

Crédito: Sergio Galarza

Los remiseros cerraron un 2021 más que complicado y ahora encaran este nuevo año con más incertidumbre y temores que certezas. La situación económica por los costos que no paran de elevarse y el descongelamiento de los precios de los combustibles, sobre todo, pintan un panorama dificultoso, que tiende a parecerse más a los apremios de los últimos meses que al inicio de una recuperación de la actividad. 

Más allá de un aumento en la tarifa mínima, que pasó a $ 125, la rentabilidad sigue estando en serio riesgo, según expresaron desde el sector y señalaron que la actividad se encuentra en su peor momento desde que comenzó a funcionar en la ciudad en la década de 1990. Los inconvenientes vienen de arrastre de hace varios años, pero las restricciones en la primera etapa de la cuarentena en 2020 fue el principal factor agravante. En aquel momento, la movilidad pasó a ser mínima y el problema fue la escasa demanda. 

Luego, con la flexibilización de las medidas, el movimiento empezó a crecer paulatinamente pero ya se había dado una importante merma en la cantidad de móviles debido a la poca cantidad de clientes. De esta manera, se dieron dos desfasajes simultáneos, primero con mucha oferta y poca demanda; y luego lo contrario: un movimiento intenso pero con pocos autos circulando por la calle. 

En una primera etapa, fueron cerca de 800 los móviles que dejaron de prestar servicio en la ciudad, pero después esa situación fue profundizándose. Al dejar de ser rentable, muchos remiseros decidieron abandonar este trabajo y emigrar a otras actividades como la cadetería en su momento, o bien a otras que no tienen que ver con los traslados. 

Finalmente, en un periodo de menos de dos años terminaron siendo 1.200 los autos que dejaron de ser remises en Corrientes, por lo que la flota total pasó de 3.000 a 1.800. Esto generó y sigue causando serias dificultades a los usuarios, ya que los que continúan operando además lo hacen en horarios reducidos. 

El boom de ventas y de movilidad que hubo para las fiestas de fin de año no fueron lo suficientemente atractivos como para que los trabajadores del volante retomaran su actividad.

Al respecto, el referente de la Asociación de Remiseros, Juan Castillo, dijo a República de Corrientes que "seguramente algunos volverán de manera gradual, pero hay muchos que dejaron el rubro de manera definitiva". 

Desde el sector entienden que esta cuestión se debe en realidad a un desgaste de mucho tiempo, y que la pandemia fue solo el detonante. Aseguran que los remises dejaron de tener una rentabilidad atractiva. En su momento, la actividad era justamente una oportunidad laboral valiosa y se podía complementar con algún empleo formal. Eso hizo que el parque automotor del servicio creciera de manera notoria hasta tener un momento de esplendor. 

Luego, los constantes aumentos de los combustibles, el encarecimiento del mantenimiento y de los repuestos tasados a valor del dólar hicieron que la ganancia se fuera achicando, lo que obligó a muchos trabajar hasta más de 12 horas por día para poder hacer una diferencia de dinero. 

Renovación

Se sumó la suba descomunal del precio de los autos cero kilómetro, algo que fue minando cada vez más la posibilidad de renovar el vehículo. En apenas unos años, el coche más barato del mercado en Argentina pasó de $ 400.000 a casi $ 2 millones, y con planes de ahorro que terminan generando un fuerte endeudamiento difícil de pagar en el mejor de los casos, e impagables en ciertas ocasiones para los trabajadores. 

Este panorama tuvo ya su repercusión en la flota de remises, que pasó de ser una de las más modernas de la región a encontrarse muchos casos al borde de la ilegalidad, ya que la ordenanza que rige la actividad establece una antigüedad máxima de 10 años. Por eso, muchos remiseros comenzaron a cambiar sus autos por modelos usados solo uno o dos años más nuevos que el que tenían, quedando nuevamente al borde de incumplir con la ley. 

Ya llegar a un cero kilómetro se volvió una de las preocupaciones más importantes, incluso por encima de las vicisitudes económicas coyunturales que tienen que ver con el precio de la nafta y con la demanda. Además, la alerta se agrava a mediano y largo plazo, ya que el envejecimiento del parque automotor de los remises repercutirá, advierten, en el esquema que tiene la ciudad, resultando afectado gravemente el servicio y con un panorama económico nada alentador para pensar en una posible recuperación. 

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