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ENCRUCIJADAS DEL SIGLO XX

Primavera de Praga: la deriva imposible del socialismo con rostro humano

Crédito: Gentileza

Como vimos en artículos anteriores de Encrucijadas del siglo XX, el final de la Segunda Guerra Mundial tuvo una de sus consecuencias más importantes en la división de la mayoría de los países de Europa en dos bloques antagónicos. Por un lado, las democracias liberales capitalistas occidentales agrupadas en la OTAN, bajo la hegemonía de los EE. UU. Por el otro, las democracias populares de economía planificada, nucleadas en el Pacto de Varsovia tutelado por la Unión Soviética. 


El Pacto de Varsovia se conformó en 1955 en respuesta a la creación de la OTAN a comienzos de esa década y estuvo conformado por los países del este europeo que habían sido liberados por el Ejército Rojo en su imparable ofensiva hacia Berlín: Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria, Rumania, Albania (se retiró en 1968) y la República Democrática Alemana.  El objetivo de Stalin al finalizar la guerra fue contar con un conjunto de estados satélites que servirían de teatro de operaciones de un posible conflicto futuro con la OTAN. En la mayoría de estos territorios, las tropas soviéticas de ocupación contribuyeron a garantizar que dirigentes y apparatchiks de los partidos comunistas locales se hicieran con el poder en los años posteriores a 1945. 


Checoslovaquia obtuvo su independencia en 1918, siendo sus principales regiones, Bohemia y Moravia, y Eslovaquia, que fueron parte del extinto Imperio Austrohúngaro junto a otros enclaves menores. Constituía un estado multiétnico con zonas industrializadas y otras de producción agraria. Honrosamente conservó un gobierno democrático durante el período de entreguerras, rodeado de estados totalitarios, bajo el liderazgo del nacionalista moderado Edvard Benes. El destino checoslovaco quedó sellado cuando el país fue oprobiosamente desmembrado en 1938, luego de la conferencia de Múnich, para contentar las ambiciones de Hitler sobre la región de los Sudetes, a pesar de estar aliado con Francia e Inglaterra, pero en ese momento ambas potencias practicaban una política de apaciguamiento hacia Alemania.


Después de la guerra, Benes, quien conformó el gobierno checo en el exilio de Londres, regresó al país para ocupar la Presidencia. La misión era compleja por la presencia de las tropas soviéticas y el popular Partido Comunista Checoslovaco, que tenían a su favor el ominoso antecedente de la claudicación de Occidente en Múnich. Benes formó un gobierno de coalición con los comunistas, pero estos, en 1948, se hicieron con el poder a través de un golpe de Estado, que instauró una democracia limitada que paulatinamente derivó en un régimen clásico de corte stalinista. A partir de 1953, luego de la muerte del líder soviético, Checoslovaquia se sumó al proceso de desestalinización en las naciones del Pacto de Varsovia, impulsado por Kruschev. 


Checoslovaquia tenía una base industrial importante anterior la guerra. A pesar de ello, durante los años 50 y 60 su economía planificada fue una de las que más se ralentizó en la Europa central. Lentamente, fue surgiendo un movimiento reformista que perseguía cambios en la economía y una apertura cultural, que obligaron a su presidente Novotny a implantar algunos cambios políticos y económicos. A principios de 1968, el eslovaco Alexander Dubcek accedió al poder, ante el ocaso de Novotny. 


El periodista Ian Willoughby (1)  señaló, en un artículo de 2018, a 50 años de la Primavera de Praga, sobre el líder checoslovaco: "Dubcek, que había pasado parte de su infancia en la Unión Soviética, reemplazó al duro Antonin Novotny en el Ejecutivo y el contraste fue notable.

"Dubcek tenía un enfoque mucho más abierto y era conocido por la gente como un político sonriente", dice Blazek. Dubcek consiguió dar un golpe en las relaciones públicas al darle un nombre memorable a sus planes de reforma que luego se dio a conocer en todo el mundo: "socialismo con rostro humano".


Es preciso señalar que el contexto mundial del 68 estuvo plagado de acontecimientos que llamaron la atención de la opinión pública internacional por sus repercusiones políticas: la ofensiva del Tet en la guerra de Vietnam, la masacre de Tlatelolco en México, los magnicidios de Martin L. King y Bobby Kennedy en EE. UU., el apogeo de la Revolución Cultural en China, y el intenso conflicto del Mayo francés en las calles de París, por citar los destacados. La Primavera de Praga fue el más significativo ocurrido en Europa del Este y cobró mayor dimensión que la revuelta húngara, ocurrida la década anterior (1956), sofocada violentamente por los tanques soviéticos.

Las reformas que introdujo Dubcek y su entorno en Checoslovaquia buscaban la descentralización económica y administrativa, una cierta democratización de las decisiones políticas (cosa difícil de digerir para la Nomenklatura de Moscú y sus aliados) y una apertura cultural inédita en los países del Pacto de Varsovia, que incluía el relajamiento de la censura a la prensa. Willoughby se explaya a este respecto. "El cambio más radical que introdujo Dubcek fue la abolición de un pilar del régimen comunista: la censura. Este paso, en abril de 1968, jugó un papel decisivo en la caída de Dubcek. "Si uno concede libertad de expresión a las personas en una sociedad anteriormente censurada, te van a criticar constantemente", dice Adamec. "Dubcek fue criticado por ser demasiado radical, pero también por no ser lo suficientemente radical".


En un mundo convulsionado por la guerra fría, la URSS no podía permitir el desviacionismo de Checoslovaquia, aunque la mayoría de los historiadores acuerdan que el gobierno de Praga nunca planeó o tuvo el objetivo de abandonar el liderazgo del Partido Comunista. Pero la dinámica de los cambios que los checos vislumbraban o proponían al gobierno reformista de Dubcek las tornó peligrosas para la lupa del bloque soviético, que observaba con atención los acontecimientos. La madrugada del 21 de agosto de 1968, un avión de Aeroflot se declaró en emergencia sobre Praga aterrizando en su aeropuerto. 


El vuelo tenía como pasajeros a comandos soviéticos que tomaron el aeropuerto de la capital checa, al mismo tiempo que tropas del Pacto de Varsovia transponían las fronteras desde Polonia y Hungría para detener la primavera