Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.republicadecorrientes.com/a/23734
TERCERA ENTREGA

Comuneros, la rebelión correntina que secuestró a un gobernador en calzoncillos

En la madrugada del 29 de octubre de 1764, un grupo de personas tomó por sorpresa la ciudad. "Viva el rey, muera el mal gobierno" fue el lema de un levantamiento que fue aplacado, pero que tuvo sus consecuencias.  

Cabildo. Aunque se trató de un edificio anterior, el Cabildo de Corrientes fue uno de los puntos más activos durante la revolución comunera. Crédito: Gentileza/foto ilustrativa

Corrientes tuvo diferentes enfrentamientos y revoluciones que terminaron de forjar su historia y moldearon de alguna manera este presente. Muchas luchas terminaron siendo determinantes incluso a nivel nacional y hubo levantamientos que, aunque fueron aplacados, se constituyeron como una primera semilla de lo que fue la gesta de 1810. Uno de estos hechos fue la revolución comunera de 1764, cuando un grupo de personas protestó de manera violenta contra el poder y hasta secuestró al gobernador, apresándolo en calzoncillos en su casa. 

 

"Los comuneros 
fueron protegidos por los franciscanos y, como era un lugar sagrado, las tropas del gobierno no pudieron entrar"

MIGUEL GONZÁLEZ AZCOAGA
HISTORIADOR

 

Fue el 29 de octubre, durante la madrugada, cuando entre 10 y 15 cabecillas, seguidos por un grupo más amplio de personas, tomó la ciudad por sorpresa. "Viva el rey, muera el mal gobierno" fue el lema de un levantamiento que terminó con un gobernador secuestrado, apresado en el interior de Corrientes y mandado de vuelta a Buenos Aires, perdiendo el poder que tenía en la ciudad. 

"Se puede decir que fue la primera división social fuerte que hubo en Corrientes. Los comuneros tenían conciencia de ser los dueños de la tierra, ya que eran descendientes de los fundadores", comentó el historiador Miguel Fernando González Azcoaga. 

Ideas

Si bien las ideas de aquel levantamiento pueden parecer hoy muy inocentes, se debe poner en contexto que faltaba todavía 50 años para 1810 y todavía no se había dado la independencia de las colonias inglesas ni la Revolución francesa. 

La demanda fue en contra de la burocracia y de algunos gobernantes que eran impuestos desde afuera, que llegaban y querían imponer sus ideas por la fuerza. Estos administradores eran enviados por el Virreinato del Perú y por Buenos Aires. Si bien los comuneros se levantaron contra esos representantes de la corona, se animaron también luego a expresar: "Sabremos defendernos contra el mismo rey". 

Con el antecedente de la revolución comunera que se dio en Paraguay tres décadas antes, los correntinos tomaron la ciudad para pedir tener injerencia y participar de las decisiones que tomaban los gobiernos, cuyos representantes eran casi siempre foráneos. 

Refugio. El convento San Francisco fue donde se escondieron los comuneros.Crédito: Gentileza

Detención

El levantamiento fue bastante violento. Las crónicas de la época cuentan que, en plena madrugada, sorprendieron en su casa al gobernador Manuel José de Ribera y Miranda, administrador que había llegado sin intenciones de diálogo y que se había puesto a la sociedad en contra. Lo apresaron estando en calzoncillos y lo trasladaron detenido a Itatí. 

Allí, al cuidado de un sacerdote, el gobernador permaneció secuestrado y apresado por varios meses, tras lo cual fue liberado y enviado a Buenos Aires. Es decir, la revolución cumplió, al menos en parte, con su objetivo. Ribera y Miranda no retomó el poder y tuvo que abandonar Corrientes después de la rebelión comunera. 

El Cabildo era el poder local  y el gobernante que llegaba se amigaba o se enfrentaba con los locales. Esto hacía que el humor social cambiara en función de las actitudes de los administradores. Al parecer, Ribera y Miranda supo ganarse enemigos pronto y terminó siendo despojado del cargo de manera abrupta. 

Si bien los que llevaron adelante el levantamiento fueron entre 10 y 15, muchas familias reconocidas de aquel momento se sumaron a la idea de los comuneros. Esto generó una fuerte división social e incluso se comenzaron después a formar varias ramas dentro del ala revolucionaria.

El levantamiento tuvo también su repercusión en el ámbito religioso y hasta profundizó algunas diferencias que ya venían siendo visibles. 

Fue así que los franciscanos decidieron apoyar a los comuneros, mientras que los jesuitas estuvieron en contra ya que no vieron con buenos ojos rebelarse contra el rey o el poder en ese momento. Es que, si bien el malestar no fue directamente con él, la revolución amagó con dar un paso más inclusive, algo inusitado para esos años.  

En algunos meses y ya sobre finales de 1764, la revolución de los comuneros logró ser aplacada, luego de la intervención del gobierno de Buenos Aires. 

Llamativamente para ese momento histórico, los rebeldes no fueron fusilados, algo que podría haberles cabido tranquilamente de acuerdo a las normas de la época. La sanción fue el exilio, pero tampoco esa medida se terminó cumpliendo. 

Los comuneros se refugiaron en ese momento en el convento de los franciscanos. "Ellos los protegieron y, como se trataba de un lugar sagrado las tropas del gobierno no pudieron entrar", contó González Azcoaga. 

Estuvieron escondidos varios meses allí hasta que pasó el fragor de la revolución fallida, pero que había hecho mella en el poder. 

Finalmente, los revolucionarios tampoco se exiliaron y pudieron seguir con su vida en Corrientes, satisfechos con lo que habían logrado y sin saber que, de alguna manera, serían un antecedente de mayo de 1810, aunque de una manera muy incipiente e inocente. 

Más allá del cambio que generaron, fue un movimiento que sacudió a Corrientes socialmente. No era habitual un levantamiento contra el gobierno y mucho menos el secuestro de un gobernador  mandado por el poder central, en su propia casa y en calzoncillos.