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ENCRUCIJADAS DEL SIGLO XX

La Gran Guerra: el nacionalismo enciende la chispa en Sarajevo

Guerra mundial. El asesinato del archiduque provocó el inicio de una contienda que transformó a Europa para siempre.Crédito: Gentileza

El término "balcanización" se utilizó durante el siglo XX para definir la descomposición o fragmentación de una nación, región o unidad política, en distintas partes menores, por motivos políticos, étnicos o religiosos y con abierta hostilidad entre las nuevas entidades resultantes. El concepto tiene un origen histórico y geográfico preciso, porque se refiere a acontecimientos asimilables al proceso de descomposición ocurrido en la península de los Balcanes, al sureste europeo, espacio recostado entre los mares Egeo y Adriático. 

Los Balcanes fueron durante siglos una región muy disputada, porque constituyeron un territorio de transición entre Europa y el Asia Menor. Después de la toma de Constantinopla en 1453 por el Imperio Otomano, la región fue invadida y dominada durante varios siglos. Allí fueron sojuzgadas las distintas nacionalidades existentes: eslovenos, croatas, serbios, bosnios, macedonios, griegos, montenegrinos y albaneses. El nacionalismo cobró pleno auge en Europa, desde las revoluciones que estallaron en 1848, episodio conocido como la primavera de los pueblos que sepultó a la Europa del Congreso de Viena de 1815. A principios del siglo XX, el imperialismo y la carrera armamentista pusieron freno a las aspiraciones independentistas en muchas regiones europeas, con lo cual los Balcanes entraron en un período de inestabilidad ante la crisis que aquejaba al Imperio Otomano, que aún controlaba gran parte del territorio desde el siglo XV, salvo Grecia, que había obtenido su independencia y otras regiones que pasaron al imperio austrohúngaro.

En 1908 estalló la revolución de los Jóvenes Turcos, que derribó la monarquía del sultán de Estambul. La crisis y los conflictos del nuevo gobierno turco rompieron el statu quo que imperó en la región, y en lo inmediato provocaron la independencia de Bulgaria y la anexión de Bosnia por el Imperio Austrohúngaro.

Una vez estabilizado el régimen de Kemal Ataturk, el líder turco intentó retomar el férreo control de sus territorios, sobre todo en los Balcanes, lo que no hizo más que aumentar las pulsiones nacionalistas en la península, que a finales de 1912 desembocaron en una guerra. 

La primera guerra balcánica enfrentó a una coalición de griegos, búlgaros, serbios y montenegrinos contra las tropas del imperio turco que controlaba aún Macedonia (hoy Macedonia del Norte), Albania y otras zonas que eran reivindicadas por Grecia, Serbia y Bulgaria, junto al nacionalismo macedonio y el albanés que perseguían su independencia.

La alianza balcánica superó en número de tropas a las fuerzas turcas que retrocedieron en todos los frentes, lo que resultó en la pérdida de gran parte del territorio europeo del imperio, donde conservaron solo una franja en torno a Estambul (región de Tracia), otorgado por el tratado de Londres, que puso fin a la contienda, garantizado por las grandes potencias. Por impulso de Grecia, la independencia de Albania frenó las ambiciones serbias de una salida al Adriático, cosa que también hubiera sumado conflictos con Italia y los austrohúngaros. 

Esta frustración del nacionalismo serbio de obtener salida al mar se convirtió en el germen de una nueva campaña bélica, porque las fronteras acordadas permitieron a Bulgaria extenderse hasta el Egeo, rodeando al territorio residual turco europeo. El enfrentamiento fue conocido como la segunda guerra balcánica, donde griegos, serbios, rumanos y montenegrinos e incluso turcos se unieron para enfrentar a Bulgaria, que había conquistado muchos territorios en la contienda previa. Las hostilidades finalizaron con una pérdida de territorios por Bulgaria, a manos de la nueva coalición triunfadora. Ambas guerras alejaron definitivamente a los turcos de Europa, salvo una mínima porción, pero dejaron agotadas a las fuerzas armadas y las economías de los países balcánicos, independientemente de si salieron con ganancias territoriales o no, además las matanzas y migraciones forzadas afectaron a cientos de miles de personas. 

Hacia el norte de la península, creció en esos años la rivalidad entre el decadente Imperio Austrohúngaro, estrecho aliado de Alemania, contra el nacionalismo serbio. La nación serbia había asegurado su independencia después de la guerra ruso-turca de 1878, pero los austrohúngaros aprovecharon esas acciones para hacerse con la región de Bosnia, zona de frontera del imperio otomano por varios siglos.

Conflictos entre monárquicos y nacionalistas serbios llevaron a principios del siglo XX a alejarse de la influencia de Viena y acercarse al zar que gobernaba en San Petersburgo, que a su vez revistaba como cercano a la Entente Cordiale, alianza entre Francia y el imperio británico. Las guerras balcánicas potenciaron la rivalidad entre el imperio en declive y el nacionalismo serbio paneslavo en ascenso. 

Para mediados de 1914, el emperador Francisco José I encargó en Viena a su sobrino y heredero Francisco Fernando, que supervisara maniobras militares en Bosnia y visitara su capital: Sarajevo. El heredero, casado con una princesa checa, era un reformista y proyectaba un perfil modernizador para cuando le tocara gobernar el imperio. Su proyecto quedó trunco porque el 28 de junio fue asesinado junto a su esposa Sofía, en las calles de la capital bosnia, por un nacionalista serbio (miembro de una sociedad secreta) llamado Gavrilo Princip.

El magnicidio provocó una conmoción en la región, que repercutió en todas las capitales imperiales europeas como París, Londres, Berlín y, por supuesto, Viena. Los austrohúngaros impusieron un ultimátum a los serbios, rayano en lo inaceptable, aunque el gobierno de Belgrado negó toda vinculación con los complotados. La presión se hizo insostenible, aun cuando nunca quedó clara la responsabilidad intelectual del atentado. Un mes después se iniciaba una guerra que produjo un efecto dominó entre los aliados de ambas partes, y desembocó en la movilización general de tropas que dio origen a la I Guerra Mundial. Millones de jóvenes murieron en trincheras y batallas, desde el canal de la Mancha hasta los campos del este europeo. Todo empezó por una chispa encendida en Sarajevo. 

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