Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.republicadecorrientes.com/a/25120
ENCRUCIJADAS DEL SIGLO XX

España, a principios del siglo pasado: nacionalismo, dictadura y guerra colonial

Dictadura. Primo de Rivera, el militar implacable que subió al poder con el apoyo de la Corona española.Crédito: Gentileza

El ingreso de España en el siglo XX fue traumático a causa de tener que afrontar las consecuencias políticas, económicas y sociales que provocó el Desastre del 98, cuya chispa de estallido fue el hundimiento (nunca aclarado) del acorazado USS Maine en La Habana.

La guerra hispanoamericana de 1898 le valió la pérdida de sus últimas colonias de ultramar: Cuba y Puerto Rico en el Caribe; Filipinas y Guam en el Pacífico. El demoledor golpe para el orgullo nacionalista español fue enorme, porque cerró un oscuro siglo XIX ibérico, que significó el ocaso paulatino e indetenible del otrora gigantesco imperio; un territorio donde nunca se ponía el sol según Carlos V. El descalabro ocurrido no hizo otra cosa que demostrar el atraso industrial y militar de España, para rivalizar contra una gran potencia emergente como eran los EE. UU. 

La pérdida de las lejanas colonias (las islas del Pacífico más pequeñas fueron vendidas a Alemania) concentró lo que quedaba del imperio español restante, en las posesiones de África: parte de Marruecos y la Guinea Ecuatorial. El desastre militar trajo aparejado el surgimiento de un movimiento político revisionista de perfil liberal que propulsaba la modernización de una España que había quedado como uno de los países más atrasados de Europa.

Solamente las regiones norteñas de Asturias, el País Vasco (Euskadi) y Catalunya, consiguieron un desarrollo industrial destacable. El resto del país estaba inmerso en un subdesarrollo ancestral, sobre todo en el mundo rural, y con un oscurantismo persistente, impuesto por la jerarquía de la Iglesia católica, quizás de las más ortodoxas y conservadoras del viejo continente. 

La Conferencia de Algeciras celebrada por las grandes potencias en 1906 abrió el camino para el establecimiento del Protectorado Español en la región norte del Sultanato de Marruecos, que se ubicaba apenas a unos pocos kilómetros de la España continental atravesando el estrecho de Gibraltar. De todos modos, el reparto del sultanato entre los protectorados español y francés –sellado en un acuerdo en 1912–, originó nuevos conflictos, especialmente con las tribus del Riff, muy difíciles de dominar por sus capacidades en la guerra de guerrillas y lo accidentado del terreno montañoso que habitaban. La resistencia a la ocupación del territorio africano por los peninsulares provocó la primera guerra del Riff en 1913, que se vio interrumpida por el estallido de la I Guerra Mundial en septiembre del 14. 

La situación en España después de la debacle del 98 se complejizó. La derrota bélica trajo una crisis al interior del sistema político, de lo que se conoció como la Restauración Borbónica impulsada por la Constitución de 1876, un régimen que había estabilizado el país, sostenido en la alternancia de conservadores y liberales al frente del gobierno civil, en acuerdo con la figura omnipresente del rey Alfonso XIII. Este sistema oligárquico, elitista y centralista, que otorgó enorme poder económico, social y, sobre todo, en la educación a la Iglesia católica, impidió la modernización del país.

Al mismo tiempo en las regiones industriales del norte, alrededor de las ciudades con centros fabriles fueron creciendo en número los movimientos socialistas y anarquistas que presionaron al gobierno por las condiciones de trabajo y otras reivindicaciones, como sucedió en Francia, Inglaterra y Alemania. Un hecho trágico de este nuevo proceso político que irrumpió fue la Semana Trágica de Barcelona (1909). Fue una revuelta obrera que el ejército reprimió violentamente, provocando casi cien muertos entre la población civil.

Su origen estuvo en las protestas contra la leva forzada para las campañas coloniales. 

En el escenario previo a la Gran Guerra, España no formaba parte de ninguna de las grandes alianzas que se enfrentaron, solo insumía un esfuerzo militar limitado en la pacificación del territorio marroquí, por lo cual mantuvo la neutralidad y se benefició en cierto modo, como proveedor de los países de la Entente.

Una de las causas tangibles de la negativa a sumarse al bando aliado fue la neutralidad que proclamó Italia. No obstante, la novedosa guerra submarina alemana afectó al tráfico marítimo y provocó la pérdida de muchos buques mercantes de bandera ibérica, situación que, debido a la prolongación y estancamiento del conflicto, comenzó a afectar a la débil economía y en consecuencia a la gobernabilidad del sistema político.

El triunfo de la revolución bolchevique en 1917 provocó la expansión del movimiento obrero y conflictos sociales en las regiones más industrializadas. La realidad que emergió hacia el final de la guerra en Europa provocó la crisis del sistema oligárquico de la Restauración, junto a la irrupción de nuevos actores políticos (liberales, reformistas y socialistas) que denunciaban el atraso social y económico que sumía a amplias regiones del territorio metropolitano, especialmente en el oeste y el sur de la península ibérica. 

En 1919, después de la guerra mundial, volvió a cobrar vida el conflicto en el protectorado marroquí, con avances españoles muy limitados. Los rebeldes riffeños habían ganado poderío y organización con el liderazgo de Abd el Krim, quien en 1921 lideró una ofensiva que provocó la derrota total del ejército español en la batalla de Annual.

El nuevo desastre militar, en este caso ante milicianos africanos, provocó una crisis de tal magnitud en el orgullo ya herido del nacionalismo español, que constituyó la gota que rebalsó el vaso y dio oportunidad a un pronunciamiento militar liderado por el general Miguel Primo de Rivera, capitán general de Catalunya, en septiembre de 1923, que, después de varios movimientos de tropas y establecimiento de alianzas, obtuvo el acuerdo del rey para formar un gobierno dictatorial proclamando el estado de guerra.

El establecimiento de la dictadura trajo varias consecuencias que modelarían España en las trágicas décadas siguientes y que, sin dudas, tienen repercusiones hasta la actualidad. Primo de Rivera obtuvo la pacificación final del Riff con la ayuda militar francesa en 1927, pero la crisis económica mundial del final de la década del 20 provocó el final de su régimen.

 Ante la crisis terminal abierta en el sistema monárquico -cómplice de la dictadura-, nació la Segunda República en 1931. En 1933, un abogado llamado José Antonio Primo de Rivera (hijo mayor del dictador fallecido en París) fundó  en Madrid la Falange Española, organización de extrema derecha inspirada en el fascismo de Mussolini. Tres años después, el país iniciaría el período más trágico de su historia reciente: la guerra civil. 

Temas en esta nota

HISTORIA