Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.republicadecorrientes.com/a/28396
RECUERDOS DE CORRIENTES

Coco, el vendedor de Hidalgo Solá que hoy custodia a la Virgen Stella Maris

Fernando Corraro trabajó en el recordado local de Junín y San Juan. Hoy relata su historia, y la del lugar, mientras cuida el espacio de oración en la costanera. 

Crédito: Gentileza

Corrientes está cargada de historias, muchas de ellas escritas y otras tantas que viven en el recuerdo de los más grandes. Así, un simple paseo por el centro puede representar un viaje retrospectivo hacia la ciudad del ayer y sus icónicos comercios. Hidalgo Solá, la gran tienda de Junín y San Juan, es sin dudas una de ellas. Fernando Coco Corraro tiene 82 años y para él los recuerdos son más fuertes y especiales, porque ese fue su lugar de trabajo durante años. 

El hombre, que todavía conserva fotos suyas en el recordado local, dialogó con República de Corrientes. Contó cómo era la tienda, por qué era tan popular y cómo sigue siendo recordada a pesar de haber cerrado hace ya más de tres décadas. 

En enero de 1960 hacía poco que el comercio había abierto su sucursal en Corrientes, y ahí llegó Fernando con 20 años desde Buenos Aires, donde supo trabajar de cadete, cajero y vendedor en la tienda que justamente era la competencia de Hidalgo Solá. 

 

"Empecé como 
vendedor y a los pocos meses ya estaba como jefe de una sección que tenía ocho empleados"

FERNANDO CORRARO
EXEMPLEADO DE HIDALGO SOLÁ

 

"Un gerente de acá era de mi pueblo, y cuando fue hablé con él", contó. En una ciudad muy distinta a la actual pero con Junín como epicentro comercial igual que hoy, esa tienda sobresalía por la variedad de productos que ofrecía, algo para nada habitual en ese momento, sobre todo porque se trataba de mercadería que llegaba desde otros puntos del país, generalmente en tren. 

Variedad

"Acá empecé como vendedor, y a los pocos meses ya estaba como jefe de una sección que tenía ocho empleados", contó Coco. El hombre recordó que el local ofrecía una amplia gama de rubros y ahí se explicaba en parte su popularidad. "Vendíamos telas, ropas, calzados, artículos de mercería, decoración, tejidos, colchones, frazadas", enumeró. 

Mostrador de por medio, Fernando atendía junto a sus compañeros en las diferentes secciones. La clientela era incesante mientras la publicidad en la radio no paraba de repetir "Usted también verá, qué barato vende Hidalgo Solá".  

Así, en tiempos del peso moneda nacional y posteriormente el peso ley, la tienda servía para surtirse de los variados productos para el hogar y de indumentaria, quedando además en una esquina que ya era en ese entonces sin dudas el corazón del microcentro correntino. 

"Tenía clientes que me buscaban, querían que sí o sí los atendiera yo", contó Fernando Corraro con una sonrisa, recordando que una de esas personas era Ñata Barreto de Piragine Niveyro, esposa de quien fuera hasta esos años, 1962, gobernador de la Provincia.

Rutina

Llegado desde Buenos Aires, aquel joven vendedor de Hidalgo Solá tenía una costumbre: desayunar en Petit Valencia, cuyo local se encontraba en uno de los laterales del antiguo mercado, sobre la calle San Juan, donde hoy está la plaza Vera. Recordó que también allí estaba La Criollita, popular casa que vendía empanadas y otras comidas.

Crédito: Sergio Galarza

Cuando estaban por ser las 8, y ya habiendo estacionado su moto en la playón del mercado, Fernando ingresaba al local, donde permanecía hasta las 12, para volver luego otras cuatro horas por la tarde, aunque reconoció que era habitual quedarse un rato más para acomodar algunas cosas. 

Cruzar la calle en aquellos años le llevaba unos segundos, pero esa acción representa hoy un cúmulo de recuerdos difíciles de dimensionar. Pasaban los autos, por San Juan y también por Junín, donde todavía estaba permitida la circulación vehicular. 

Haciendo un paneo podía ver en la esquina de enfrente una despensa, allí cerca el Frigorífico Chaco, una fiambrería y la Ferretería La Estrella, entre muchos otros. 

Allí estaba también emplazada la garita del policía que dirigía el tránsito. En esa esquina, justamente, y en esa misma década, la del 60, colocarían el primer semáforo de Corrientes.

 

"Tenía clientes que me buscaban, querían que sí o sí los atendiera yo"

FERNANDO CORRARO
EXEMPLEADO DE HIDALGO SOLÁ

 

"El apellido del policía era Godoy, siempre charlábamos con él, era un tipazo", recordó Fernando. "Solía pedirnos para entrar al baño o tomar un poco de agua", haciendo referencia al agente que quedó inmortalizado en algunas de las fotos de aquellos años que aún circulan por las redes sociales. 

La instalación del semáforo fue un suceso en esa esquina y sirvió durante un buen tiempo como referencia de ubicación. El local lo aprovechó e incluso lo usó como publicidad: "Hidalgo Solá, en la esquina del semáforo", decía el spot radial que todos conocían ya de memoria. 

Ida y vuelta

Después de dos años de trabajo, aquel vendedor tuvo que hacer el servicio militar en Campo de Mayo. Pensó que ya no regresaba, pero lo hizo. Volvió a trabajar al mismo lugar, se casó y tuvo hijos, hasta finalmente montar su propio negocio a fines de la década del 60, quedándose en Corrientes hasta ahora.

Custodio 
 
Desde 1990, Coco lleva adelante una actividad diaria y desinteresada: cuidar el espacio donde se encuentra la Virgen Stella Maris, en la costanera. Allí, junto a otras personas, se encarga de limpiar, pintar cuando hace falta, embellecer las plantas y hasta mandar a arreglar la bomba de la fuente de agua que tuvo algún problema. 

Además, organizan una misa para los primeros sábados de cada mes. "Lo hacemos con ganas, y muchas veces poniendo plata de nuestro bolsillo", contó Fernando, aunque reconoció que también piden colaboraciones habitualmente. 

Además, tiene tiempo para otras actividades recreativas. Con la peatonal a pocas cuadras de su casa, suele pasar por la esquina de Junín y San Juan, esa esquina que todavía para muchos, y sobre todo para él, es la esquina del semáforo, la esquina de Hidalgo Solá. 

Crédito: Gentileza

Tururú y el paño para poder lustrar

En sus años como vendedor en Hidalgo Solá, Fernando Corraro pudo conocer a muchas personas y tener hoy historias para contar. Una de ellas fue Antonio Cáceres, conocido como Tururú, muy popular desde aquellos años en la zona del Cambá Cuá y en todo el centro de la ciudad. 

El hombre, que se las amañaba lustrando botas a pesar de sus dificultades, solía estar presente allí en la zona de Junín y San Juan. "A veces le ponía mucha pomada a su trapo y al poco tiempo ya no le servía más", recordó el exempleado de la tienda. Continuó su relato contando que "me pedía un paño, y yo buscaba algún retazo para regalarle y que pudiera seguir trabajando". 

El pedido de Tururú era muy particular, sobre todo por como lo llamaba a Fernando: "Hidalgo Solá, necesito un paño", era la frase que se repetía con bastante asiduidad y que podía ser oída por todos los que pasan en ese momento por allí. 

Incluso, al cruzarse ocasionalmente en otro lugar, el lustrabotas siempre lo saludaba utilizando el nombre de la tienda: "Hola, Hidalgo Solá". 

Una pequeña ciudad

Como cualquier ciudad, Corrientes experimentó fuertes cambios en su fisonomía y también en su extensión con el correr de los años. Allá por la década de 1960, cuando Hidalgo Solá era una de las tiendas más populares, el espacio urbano era mucho más acotado y muy diferente del actual. 

"Corrientes era muy chiquita, la ciudad llegaba prácticamente solo hasta la avenida 3 de Abril, y más allá estaba el barrio Berón de Astrada que se había construido hacía poco tiempo", contó Fernando, el exempleado del conocido local comercial. 

Además, recordó que la avenida Maipú no era una zona habitada con viviendas como lo es hoy y hace ya bastante tiempo. En aquel momento, proliferaban allí las quintas en las que se plantaban verduras. 

Desde esa zona partían habitualmente los carros con la mercadería fresca rumbo al centro, donde se encargaban de venderlas los propios productores, tanto hombres como mujeres.

"Llegaban y estacionaban los carros sobre Junín, algo que parece hoy muy raro pero que en ese momento era común", señaló Fernando. 

Sin los grandes barrios que se construyeron posteriormente, la ciudad completamente urbanizada era solamente lo que hoy es el macrocentro capitalino, con menos infraestructura y menos vehículos circulando por las calles. 

Temas en esta nota

HISTORIA