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ENCRUCIJADAS DEL SIGLO XX

La hegemonía, un concepto de la era de la información

Crédito: Gentileza

Desde hoy iniciamos una serie de artículos sobre conceptos y pensadores del siglo pasado en esta columna que llamamos Encrucijadas. Con el objetivo de exponer ideas y temas, desde diferentes perspectivas intelectuales, que sirvieron (y sirven), para analizar las cuestiones cruciales que hacen al desarrollo y reproducción social de nuestra humanidad. Teniendo en cuenta que el mundo atravesó un período de grandes conflictos como los iniciados a principios del siglo XX. Estos acontecimientos se construyeron desde los hechos, pero también desde las ideas; por ello, consideramos importante conocerlos y tratar de entender cómo fueron protagonizados, interpretados e interpelados por esos pensadores. 

En el libro Los media y la modernidad, el pensador británico John B. Thompson ubica al poder simbólico entre las cuatro componentes fundamentales del poder. Junto al poder económico –relacionado con la actividad productiva y sus resultados en función del desarrollo–, el político –vinculado al Estado y a la red de instituciones que regulan el orden social–, y el coercitivo –supone el uso de la fuerza física para la conservación del sistema–; el autor inglés referencia un cuarto: el poder simbólico. Este dependería del ejercicio de una violencia visible y solapada, que reproduce visiones dominantes a través del intercambio de formas simbólicas. Thompson vincula el concepto de ideología con la movilización de significados reproductores de las relaciones de dominación, y apunta que la sostenibilidad de un orden social sin recurrir a la coerción estará asociada, en buena medida, a su capital simbólico, es decir, al prestigio y reconocimiento acumulado por sus productores e instituciones.

Aparece así un concepto clave: la hegemonía. El pensador crítico y político de izquierdas italiano Antonio Gramsci (encarcelado durante muchos años por Mussolini) explicó la capacidad de cualquier grupo dominante para obtener y mantener el poder sobre la sociedad, no solo mediante la conservación del control sobre los medios de producción económica y los instrumentos de represión, sino, sobre todo, por el control de las instituciones productoras de sentido de la espiritualidad de la sociedad; es decir, entre ellas, las que representan especialmente a la escuela, como transmisora de saberes y significaciones sociales. Esa hegemonía se refiere a la capacidad cultural de una clase –en este caso, se refiere a la burguesía– para crear, desarrollar y reproducir una lectura de la realidad desde su perspectiva, no por imposición, sino, por el contrario, generando consenso social alrededor de sus ideas sobre el mundo. Por tanto, se refiere a la forma cultural e ideológicamente determinada en que se produce y reproducen no solo las ideas, sino también las creencias, los valores y las conductas que conforman las actitudes trascendentes de una sociedad.

El pensador crítico galo Louis Althusser –protagonista intelectual del Mayo francés– sostuvo que las ideologías cumplen la función de ser concepciones del mundo que penetran en la vida práctica de las personas y son capaces de animar e inspirar su praxis social. Desde ese punto de vista, la ideología suministra a los hombres un horizonte simbólico para comprender el mundo y una regla de conducta moral para guiar a sus prácticas. Son estructuras asimiladas inconscientemente y reproducidas constantemente en la vida cotidiana.  Por ello afirmaba Althusser que "las sociedades humanas secretan la ideología como el elemento y la atmósfera indispensable a su respiración, a su vida histórica". Dentro de la clasificación propuesta, la escuela conforma uno de los aparatos ideológicos del Estado por excelencia, porque contribuye a inculcar desde la niñez y la consecuente socialización primaria, los discursos que contienen: texto y símbolos de la ideología del Estado. 

Para Gramsci, la sociedad política controla los órganos superestructurales que tienen la función de desarrollar las acciones de coerción y dominio. Son las instituciones de la sociedad civil las que viabilizan la dirección intelectual y moral de la sociedad mediante la formación del consentimiento y la adhesión, a través de diversas instituciones de carácter cultural, educativo, religioso, que propagan la ideología, los intereses y los valores de la clase que domina, así articulan el consenso y la dirección moral e intelectual del conjunto social. De esta forma, la voluntad colectiva, se articula con la estructura material de la cultura y se organiza el consentimiento, es decir la adhesión de las clases dominadas, que al final del proceso adoptan como propia la concepción de mundo, en este caso, el de la clase burguesa, para el italiano. 

En la obra de Gramsci, suele concebirse a la sociedad civil como el portador material de la hegemonía. A este estrato la componen un conjunto de fenómenos fácilmente apreciables y de existencia tangible: las escuelas y las universidades, las iglesias, los medios de difusión masiva, entre otros; aunque también todo el conjunto de las relaciones sociales por medio de las cuales se produce la socialización del individuo.

Desde otra perspectiva del análisis del ejercicio del poder, Louis Althusser observó el papel de los aparatos ideológicos del Estado mencionados anteriormente, como instituciones que cumplen la función de legitimar el orden social. Confrontó fuertemente a los que ubican las funciones del Estado, la política y el poder únicamente como acción represiva, identificó claramente otros escenarios de reproducción ideológica, donde se realizan procedimientos distintos a los empleados por la coerción para obtener la adhesión. 

Después de este breve repaso, podemos reflexionar sobre la importancia que cobraron en las sociedades de masas del siglo XX el impacto simbólico de los discursos hegemónicos, reproducidos por las distintas estructuras de construcción del sentido. Grandes conflictos surgieron con la idea de imponer visiones unidimensionales sobre el mundo; pensemos en la Alemania nazi, en la Guerra Fría y tantos otros acontecimientos en los que se disputó la hegemonía social en múltiples planos de la vida. 

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