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TESTIMONIO DE LA MISIÓN CRISTIANA EN EL CAMPAÑA

Padre Miguel Gómez: "Fui testigo del sufrimiento físico, espiritual y emocional"

El párroco presentó ayer su libro. Allí narra sobre su paso por el Escuela Hogar. Describe las angustias y dolor del personal de Salud, pacientes y familiares. Es un resumen de lo que fue la pandemia en Corrientes. 

El padre Miguelito cuenta en un libro lo que fue acompañar en el Campaña. La presentación de la obra se hizo ayer en el salón parroquial de Nuestra Señora de la Merced. 

El vicario episcopal para la salud, Miguel Gómez, fue quien recorrió los pasillos y salas de internación del Escuela Hogar en los tiempos más críticos de la covid-19 en la provincia.

En estas páginas comparte las experiencias que tuvo con los pacientes, familiares y personal designado para trabajar en el centro sanitario. 

 

"Ellos daban todo de sí, aun con pocas 
herramientas debido a la nueva enfermedad de la que se tenía poco 
conocimiento. Incluso así cuidaban a los enfermos sin 
descanso, más allá de sus propias fuerzas"

MIGUEL GÓMEZ
VICARIO PARA LA SALUD

 

En Hermana pandemia. Tiempo de esperanza, el padre describió el trabajo de médicos, enfermeros, administración y seguridad como una labor sin descanso. Para él, siguieron su tarea "más allá de sus propias fuerzas". 

En su libro dice que fue testigo de sufrimientos, angustias y dolor personal. Con las personas que trabajan en el nosocomio recordó que tuvieron que acompañar a enfermos hacia la muerte, pero que también fueron testigos de milagros. 

La obra surge "a partir de la oportunidad de poder servir en una circunstancia dolorosa de la historia de la humanidad", contó el párroco.

Destacó que "con la presencia de Jesús vivo todas las dificultades se pueden sobrellevar" y que era su lugar "estar al lado del hermano que sufre alguna dolencia física, emocional o social". Para él, visitar a los enfermos del Campaña era parte del llamado del Señor. 

"Compartir el dolor de los que sufren es desde siempre el llamado que hemos recibido como sacerdotes. Acompañar a los enfermos desprotegidos y pobres es la tarea que se nos ha encomendado", expresó a República de Corrientes. 

Un libro, una realidad

Así como dijo el sacerdote Martín González en el prólogo del libro, "vivimos un tiempo de pandemia, imprevisto, impensado y que nos va dejando, entre líneas, un millón de cosas por pensar y aprender".  Él reconoce el desvelo "por los enfermos y familias" de su colega. 

"Aquí no hay números. Hay personas, hay vidas, hay camino compartido con la hermana pandemia y pasos recorridos con esperanza y amor", así cuenta la primera página del libro escrita por el padre González. 

En estas páginas se involucra a las personas que atravesaron el aislamiento encerradas y a los que tuvieron que salir a poner el pecho al virus. La pandemia "nos puso delante de nuestra fragilidad, de nuestra pequeñez, de nuestra conciencia clara de ser débiles. Pero, a la vez, ante la posibilidad única de demostrar nuestras fortalezas". 

Noticias de China

En sus primeras letras en esta obra, el padre Miguelito recuerda un día de diciembre de 2019, cuando la radio y la televisión traían noticias de China. 

"Nadie se imaginaba que los primeros días del nuevo año (2020) serían el comienzo de algo que nos cambiaría por siempre", expresó luego de hacer un recorrido sobre las principales noticias de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Así como lo vimos muchos, escribió que "la vida dio un vuelco". Y que "las calles se silenciaron, los espacios públicos se cerraron, las parroquias se tornaron lugares solitarios. Por primera vez en la historia, no pudimos abrir los templos para celebrar misa". 

Crédito: Gentileza

Frente al coronavirus 

El sacerdote recordó cuando se contagió de covid-19. Fue a finales de noviembre del primer año de pandemia, en la casa parroquial del barrio San Jerónimo. 

"El desconocimiento era tan grande que me embargaba. Transité los días de la enfermedad leyendo y descansando porque el cuerpo así me lo pedía. Acompañado del silencio fui descubriendo un sonido nuevo. Pensaba que si el Señor permitió que me enfermera era porque algo tenía que aprender de esa experiencia", relató en el primer capítulo de su libro.

Para él, Dios lo estaba preparando "para extender la misión en sus manos". Llegó el cumplimiento del aislamiento y los estudios poscovid. Una vez que tuvo el alta, se dispuso "a partir y a salir al encuentro de los nuevos desafíos". 

El sacerdote describió que pudo asistir a los enfermos llevando la eucaristía, la unción de los enfermos y que algunos pedían confesarse. Allí presenció muchas situaciones difíciles de personas que atravesaron angustias, ansiedades y dolor personal. 

"Fui testigo del sufrimiento físico, espiritual, emocional, ya que no estaba permitido el acompañamiento familiar. Nuestra presencia era un soplo de aliento y eso nos reconfortaba enormemente", expresó y agregó que estas experiencias lo ayudaron a madurar como sacerdote.

Crédito: Gentileza

Protagonistas de la esperanza 

Los protagonistas, quienes tuvieron coraje y valentía, "eran simples hombres y mujeres" que desde su rol como médicos, enfermeros, personal de limpieza y de seguridad se ofrecían al paciente. 

"Ellos daban todo de sí, aun con pocas herramientas, debido a la nueva enfermedad de la que se tenía poco conocimiento. Incluso así, cuidaban a los enfermos sin descanso, más allá de sus propias fuerzas", describió. 

Ellos fueron héroes con quienes aprendió a trabajar en sintonía y a formar equipo. El padre dio "fe del valor y dedicación con los que trabajaban y trabajan, donando su tiempo y talentos en favor de la atención y recuperación". 

"No han faltado situaciones difíciles en este caminar. Tuvimos que acompañar a algunos enfermos hacia la muerte, porque no tenían compañía alguna de familiares ni amigos. Solo quedamos nosotros rezando y encomendando su alma a Dios", recordó y también mencionó "momentos de recuperación que se convirtieron en una caricia al alma en medio de tanto dolor".

Hay un capítulo dedicado al amor de la Virgen María y a mujeres que decidieron ofrecer el santo rosario, rezando y pidiendo especialmente por los enfermos de covid-19 y sus familias.

Acercaron rosarios a quienes se encontraban internados en el Hospital de Campaña. 

También recordó la misa mensual en el Escuela Hogar, con la autorización de los directivos del centro de salud. Celebraron misas en el patio. Para él, "el cielo era nuestro tempo, allí asistían familiares de enfermos y personal del hospital. Fue un espacio de esperanza y de fraternidad". 

Testimonios

"Necesitar todos los días de una palabra de aliento y saber que nuestro Dios mira todos y cada uno de nuestros actos, y solo pedir que nos sostenga en nuestro momento de flaqueza, hizo que esto sea llevadero día a día", es un testimonio de una enfermera del Campaña. 

En el último capítulo del libro cita palabras de quienes lo acompañaron y fueron testigos de su trabajo en el centro de salud. Por pedido de cada uno de ellos, no coloca sus nombres. 

"Creo que siempre recurrimos a Dios porque Él es quien nos da la fortaleza para afrontar esta clase de situaciones, para seguir avanzando y seguir peleándola sin bajar los brazos", expresaron.  Otra persona recordó que "las visitas realizadas por el padre Miguel dentro de las salas de aislamiento ayudaron y fortalecieron a los pacientes que se encontraban internados.

Cuando veían al padre que entraba a darles la bendición era como si se llenaran nuevamente de esperanzas y como si se renovaran sus ganas de seguir luchando y de salir adelante de esta enfermedad". 

La mayoría de los pacientes con quienes habló el sacerdote demostraron sentirse muy alegres ante su presencia. Hubo muchas personas del interior que necesitaron su acompañamiento para sentirse más reconfortadas. 

"Es muy hermoso ayudar a quien está pasando un momento de desesperación y ofrecer a Dios su ayuda. Veo la fe en la gente y aprendo de ella, de su entrega a Dios. Esto a mí también me ha ayudado mucho. Tienen fe en salir de esa situación y en encontrarse con su familia", contó a este diario.